Algo se cocina en La Habana

El Nuevo Herald del jueves 7 de febrero, en la página 2A, publicó un enorme cintillo sobre Cuba que rezaba: ”Críticas al gobierno asombran a expertos”. Se trataba de una reunión de Ricardo Alarcón con un grupo de estudiantes universitarios que le hicieron par de preguntas embarazosas. No entiendo el asombro. En Cuba todo tiene una razón de ser. El problema es encontrarla dentro de las pistas falsas que nos deja el castrismo tras sus desplazamientos.

No discuto que hay posibilidades de que este show kafkiano, que se produce en el marco de la Universidad de Ciencias de la Computación, en un país donde se persigue ferozmente el internet, sea un atisbo de la desintegración del sistema, pero no lo creo. En este incidente ”espontáneo” entre Alarcón y los estudiantes veo más bien una obra de teatro con un cuidadoso libreto, que trata de lanzar un mensaje al pueblo de Cuba y al exilio.

Tengo la teoría de que cuando se produzca la desaparición real o virtual de Fidel Castro su hermano menor va a efectuar cambios a fondo perdido. Ya tiene varias etapas cubiertas. Están sobre el papel y no se leen. Se dicen en discursos que no se escuchan. Porque Raúl no es una prima donna y le molestan los spot lights. Como el ratón, muerde la carne y llega hasta el hueso, pero como sopla, no duele. En política exterior se ha desmarcado por completo de la línea fidelista de armar bretes. Incluso en el diferendo entre Venezuela y Colombia ha mantenido una actitud de invitado a la fiesta por equivocación. Y también recibió a Lula con alfombra roja, a lo cual, si le añadimos las gestiones con Angola, debemos suponer que Raúl se está cubriendo las espaldas por si llega a fallarle el petróleo ante un posible resbalón de Chávez.

En economía el gobernante interino no puede inventar mucho: mercados campesinos, abrir la mano a pequeñas industrias y búsqueda de inversión extranjera. A estas medidas le dará la velocidad que el devenir histórico le permita.

Pero retomando el hilo de la trama, de un día para otro el castrismo no puede invitar a su oposición a un diálogo, ni dar libertad de prensa, ni permitir que se postulen opositores al Parlamento, porque el régimen se derrumba en el acto como un castillo de naipes. Las medidas de apertura que se tomen deben ser aplicadas con lentitud y bajo un férreo control. Se me ocurre que lo más cercano a esto es dar libertad para que entren a Cuba de un modo permanente los exiliados que así lo deseen y salga todo aquel que tenga visa de un país extranjero.

Esto viene hace rato caminando. A principios de diciembre comencé a recibir e-mails de la isla que me hablaban de la posibilidad que el gobierno cubano cumpliese con el artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: ”Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio y regresar a su país”. Esos e-mails me parecieron fuera de lugar. Ahora hago otra lectura de la anécdota, hace rato que hay una corriente de opinión formándose sobre este tema.

Cerca de Navidad fui a un cocktail y me tropecé con alguien agradable e instruido que resultó ser un altísimo ex funcionario castrista con residencia en un país de América Latina de visita en Miami, y aunque profundamente decepcionado, aún no había roto con el régimen. Me dijo dos cosas interesantes: en Cuba se estaban produciendo enormes cambios dentro del Partido Comunista, y curiosamente, me añadió que el exilio debía plantear la total libertad de entrar y salir de la isla. El mismo tema, sin punto ni coma, se discutió la semana pasada en una reunión del Centro de Estudios Cubanos de la Universidad de Miami.

Con estos truenos supongo que no se deben ”asombrar los expertos” de la extraña reunión de Ricardo Alarcón con estudiantes contestatarios (?), en la cual un tal Avila se quejó de que sus compatriotas carecían de una opción viable para ir a ciertos hoteles o viajar fuera del país. La tapa al pomo, el emblemático Silvio Rodríguez, tras la presentación de su documental Hombres sobre cubierta declaró a la prensa lo siguiente: “El permiso de salida y de entrada, eso debía abolirse completamente. Eso es una cosa que se hizo con otro destino, por otras razones, y ha sobrevivido durante demasiados años en Cuba, y yo no creo que tenga razón de ser”.

Demasiadas coincidencias. Y como El Nuevo Herald no sólo es el periódico hispano más importante de los Estados Unidos, sino que lo leen por internet generales y ministros del régimen castrista, a todos les envío un mensaje para que no los cojan fuera de base. Algo se cocina actualmente en La Habana.

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