LA ‘NO’ RETRACTACIÓN ‘REVOLUCIONARIA’

Hasta el 24 de Febrero, Cuba va a ser un hervidero de conjeturas respecto a los misterios que más le interesan a los altos dirigentes de la isla y como sub producto (menos importante a los ojos del régimen) del “sufrido y sacrificado pueblo trabajador”. Sabiendo ya que hay una franca (y sorda) lucha por el poder, el pueblo cubano se alista para “ver los toros desde la barrera”.

El episodio protagonizado por Alarcón, uno de los más altos personajes del mundo oficial cubano, demuestra la ferocidad de lo que sucede en a cúpula gobernante. Un ‘papelazo’ televisado del que todos disfrutamos, viendo a un presidente de mentira (del parlamento comunista cubano) esgrimir argumentos propios de un vendedor de maní, (manicero… ¡se va!)

Adicionalmente, la furia “reformista” desatada ante la prensa por Abel Prieto y sus compinches (como Silvio Rodríguez) declarando a “trota y mocha” modificaciones radicales en el comportamiento represivo del régimen, ha dado un frenazo ante la detención en la isla del estudiante Eliécer Ávila, su traslado obligado a la Habana y su “no-retractación”, ‘voluntaria’.

Creo que ya debe ser evidente para Abel Prieto y para Silvio Rodríguez que el ‘quinquenio gris” está de regreso, con los mismos toques estalinistas que lo caracterizaron entonces: retractaciones “sinceras”. Creo que vale la pena analizar esta triste y delicada situación previa al “paripé asambleario” del 24 de Febrero, en la que con hechos se han sepultado las ilusiones.

No creo que los cubanos, de dentro o fuera de la isla, le debamos consideración a ninguno de los estudiantes que se han “retractado sin retractarse”. No son héroes, ni nunca lo serán. Los deseos que tenemos todos los cubanos de ver surgir la sangre mambisa en alguno de sus mejores hijos, nos ha hecho poner las esperanzas en alguien, que en la primera andanada aceptó “decir ‘digo’ donde antes había dicho ‘Diego’”. En el exilio y la isla viven héroes que en similares circunstancias que Eliécer, no flaquearon, y fueron a dar con sus huesos a la cárcel, o fueron a rendir cuentas ante un paredón de fusilamiento. El exilio y Cuba está llena de ellos.

La madera de héroe es innata, no se improvisa. No se trata de criticar a los pobres estudiantes que ahora, asustadizamente, repiten las mismas gastadas consignas de sus opresores. Es el “Síndrome de la Habana” en una de sus nefastas manifestaciones, haciendo efecto en cubanos sometidos a jugar el papel que de ellos piden Fidel y Raúl. ¡Es una verdadera vergüenza!

Tampoco se trata de no solidarizarnos con las familias de estos pobres diablos, que mandados no se sabe todavía por quién, fueron a la asamblea de la universidad a provocar a un alto funcionario ‘marcado para morir’, probablemente el mismo 24 de Febrero –o quien sabe si le dan una sobrevida para que nadie piense que todo fue preparado– (como realmente lo fue) Sí, debe haber solidaridad para las familias de estos muchachos, pero no más que para las Damas de Blanco, cuyos esposos en situaciones similares supieron llenarse de la dignidad que siempre caracterizó al pueblo cubano. Eliécer desperdició la oportunidad que la historia de dio. ¡Adiós!.

El proceso contra Eliécer y sus compañeros nada tiene que ver con lo que ellos dijeron en la famosa asamblea. Tiene que ver con la necesidad que tiene Fidel, desde su lecho de enfermo, de saber quienes planearon esta encerrona a Alarcón a espaldas suyas y si Raúl tuvo alguna participación en el hecho. Puede que no solamente Alarcón pierda el cargo. Si alguien no autorizado actuó en las sombras sin consentimiento de los Castro, también pagará.

Sin embargo, y diferentemente de lo que externamente parece, en el episodio es mucho más importante la esencia de las respuestas de Alarcón, que “el atrevimiento” de los “héroes de papel” que terminaron arrepentidos. No los critico, porque sabemos las presiones a que fueron sometidos y conocemos la enfermedad del “Síndrome de la Habana” que padecen, pero tampoco los defiendo. Lo importante es que sus cuestionamientos no tuvieron respuestas.

Para cualquier sociedad civilizada las causas del debate son ridículas: ¿Dónde, en que lugar del mundo, en que sociedad civilizada de este planeta se discute la necesidad de “dejar entrar a los nacionales en los hoteles, comer en sus restaurantes o bañarse e sus propias playas”?; ¿dónde se discute, en cual país de mundo se protesta porque se recibe salario en una moneda inservible y devaluada y se tiene que comprar en otra moneda diferente, que vale 25 veces más?; ni siquiera en el país más retrasado de África sus nacionales tienen que tener permisos de entrada o salida; su país es suyo, y suyo es su derechos a entrar y salir. ¡Esa es Cuba hoy!

Un dirigente que se respete tendría que haber dado respuestas, o renunciar a sus cargos. Alarcón no las dio porque no existen y no existen porque sólo un régimen comunista y totalitario es capaz de imponer semejantes barbaridades como leyes de procedimiento. La respuesta a esas preguntas no es “permitir la entrada de cubanos en los hoteles”, sino, barrer con la caterva de maleantes que impusieron semejante desvergüenza a todo un pueblo en pleno siglo XXI.

El episodio no mostró la valentía de un grupo de estudiantes, ahora tan sumisos como Fidel y Raúl quieren. El episodio mostró que el régimen comunista cubano carece de respuestas a las preguntas más elementales de una sociedad. El mundo por desgracia no se asombró de la valentía de un grupo de estudiantes cubanos, pero se sorprendió de verdades incómodas: la revolución impide a los cubanos entrar en sus hoteles; sabe, por boca de un miembro del buró político, “que no es fácil” autorizar a un cubano a entrar en un restaurante, tener un teléfono celular o intentar ‘navegar’ en la Internet. ¡La dictadura firmó un atestado de incompetencia!

De cualquier manera, la democracia cubana ganó terreno con el episodio. No estábamos en presencia de estudiantes que contestaban al régimen, no; pero las propias contradicciones internas de la dictadura propiciaron la divulgación internacional del episodio y la posterior confirmación de que era real, a través del proceso estalinista contra los jóvenes con el colofón de su “no retractación”. Los mismos elementos del régimen que dieron curso mundial al proceso de desprestigiar a Alarcón, permitieron mostrar al mundo las verdades confirmadas con su espíritu estalinista y represivo de la retractación “off-line”, actuarán sin dudas también en el irreversible proceso de autodestrucción que socava desde dentro a la propia ‘revolución’.

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