Recoger chatarra

LA HABANA, febrero (www.cubanet.org) – En la década de los años 90, el gobierno cubano incentivó el interés por la recogida de materia prima, principalmente chatarra de metales no ferrosos (aluminio, cobre, bronce, etc.). Surgió entonces una nueva forma de subsistencia.

La empresa de recuperación de materia prima asumió la función. Estableció en pequeños locales, algunos con peligro de derrumbe, casas de compra para estos metales. Hay varias casas de compra en cada uno de los municipios del país.

En un principio, los bajos precios de compra no llamaron la atención de la población. Sólo el intercambio por artículos cotizables en divisas llenó y sobrepasó las expectativas. Fue una muestra evidente de los propósitos económicos, más que sociales o ambientales de la tarea.

Se benefició la economía hogareña. Se apaciguó el malestar social. El reciclaje resultó ser positivo para el medio ambiente. Pero los precios de estas materias en el mercado internacional fueron los que motivaron la medida.

No obstante los efectos positivos, estos intercambios incidieron negativamente en la educación sanitaria de la población, debido a la ineficiente gestión administrativa gubernamental con respecto a los servicios públicos indispensables.

La deficiencia en la limpieza de los espacios públicos y en la recogida doméstica de la basura sin hacer reciclaje, determinó la acumulación de desechos sólidos en los asentamientos urbanos del país. Luego, la búsqueda de chatarra en los vertederos se hizo común, hasta el punto de profesionalizarse.

En Ciudad de La Habana se llama popularmente buzos a los que se sumergen en los basureros. En la labor no hay escrúpulos ni vergüenza. No importa la hora o el lugar. Sólo interesa recoger latas vacías de cerveza o refresco para cambiar.

En un primer juicio, estas prácticas podrían parecer indigentes, pero reportan beneficios económicos.

Con 4 ó 6 kilogramos de estos metales se adquiere un litro de refresco gaseado de 1500 mililitros. En una tienda estatal de recaudación de divisas, este producto cuesta 1,35 pesos cuc, equivalentes a 33,75 pesos. En el mercado negro se revende en 25, casi el doble de lo que paga el estado por una jornada laboral de 8 horas.

La recogida de chatarra provocó el aumento de las conductas que atentan contra el orden legalmente establecido. El hurto, dentro del marco de las relaciones laborales afectó a casi todas las ramas de la economía nacional.

Se robaron parte de los tendidos eléctrico y telefónico, los tubos de regadío, las señales de tránsito, los calderos, bandejas y cubiertos de los comedores obreros, los asientos de los parques, las sillas y mesas de aluminio de las cafeterías, los casquillos de las balas de cañón.

La iniciativa privada, aunque prohibida, también se incrementó. Las fundiciones particulares, con licencia, compraban la chatarra ilegalmente a la par del estado, incluso a precios más elevados.

La oferta y los valores de cambio no son uniformes en todas las regiones del país. Esto provoca la acentuación de la corrupción, desde el director hasta el dependiente encargado de la casa de compra.

Robo en el pesaje. Acaparamiento de la mercancía. Alteración de los valores de cambio. Cobro de comisiones por reservar los mejores productos a los clientes más prósperos. Son sólo algunas de las manifestaciones de este fenómeno.

En Cuba, revender para obtener ganancias y poseer mercancías en cantidades injustificadamente superiores a las requeridas para las necesidades normales, está penado por la ley (delito de especulación y acaparamiento, artículo 230 del Código Penal).

Es contradictorio que el estado permita intercambiar cantidades relativamente grandes de mercancías y después la policía, por medio de la citada disposición penal, las decomise.

Estos cambios se han convertido en otra de las tantas formas de extorsión y soborno. Con estas circunstancias adversas la calidad de las ofertas de mercancías declinó.

Para el próximo 27 de febrero, las casas de compra de materia prima cerrarán hasta nuevo aviso. Se comenta entre los trabajadores de las mismas que el vicepresidente Carlos Lage pretende eliminarlas completamente.

A los dirigentes cubanos no les interesa que de esa chatarra dependa el plato de comida de muchos ciudadanos. Ellos lo tienen asegurado. El descontrol contra su afán de regularlo todo los ha hecho fracasar.

Los instintos de supervivencia van contra todo. Sobrevivir en Cuba significa transgredir la ley. Ir en contra de tus propios valores. Olvidar tus convicciones. Es vivir en la irracionalidad de lo absurdo.

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