La libertad asoma en Cuba

La renuncia de Fidel Castro a la presidencia ha generado numerosas reacciones dentro y fuera de Cuba. Los exiliados cubanos descreen que esta renuncia vaya a generar de inmediato el ansiado cambio. Es posible que este domingo el Parlamento elija a Raúl Castro, hermano de Fidel, para sucederlo. Pero el liderazgo no es hereditario. Nunca Raúl será otro Fidel. Con la renuncia de este ya nada será igual en Cuba. Los amantes de la libertad de dentro y de fuera se moverán en otro escenario. La temible figura del tirano se desteñirá con rapidez en la mente y el miedo de sus compatriotas.

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La renuncia de Fidel Castro a la presidencia, anunciada el pasado martes, ha generado numerosas reacciones dentro y fuera de Cuba. El presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, espera que sea “el principio de la transición democrática”. Agregó: “La comunidad internacional debería trabajar con el pueblo cubano para comenzar a construir instituciones que son necesarias para la democracia”.

Sin embargo, a juzgar por sus declaraciones a CNN, los exiliados cubanos en Miami descreen que la renuncia de Fidel vaya a generar de inmediato el ansiado cambio. En el mismo sentido se expresaron en España los cuatro disidentes recientemente liberados “por razones humanitarias”. De todos modos, en Miami y en Madrid, como en otros puntos del planeta, los exiliados expresan su júbilo por lo que se considera el principio del fin de una dictadura que lleva medio siglo.

Se descuenta que la renuncia de Fidel, de 81 años, se debe a su grave estado de salud. Ocupaba el cargo de presidente desde el 3 de diciembre de 1976, luego de sus funciones de primer ministro desde el 16 de febrero de 1959.

En su prolongado liderazgo encabezó un gobierno que sepultó las libertades públicas. Condujo a su pueblo por el camino del atraso y el más pronunciado anacronismo, además de encarcelar, exiliar y asesinar a decenas de miles de cubanos. Después de la desintegración de la Unión Soviética, su sostén económico e ideológico con 3.000 millones de dólares anuales de aporte mientras sobrevivió este patrocinador, Fidel continuó con un sistema que había fracasado estrepitosamente. Cercó su país a la modernidad tecnológica y científica, aisló a su gente en el silencio, no permitió que entraran los nuevos vientos de libertad que se respiraban en casi todo el mundo, con lo que hizo de Cuba también una isla ideológica.

Es posible que este domingo el Parlamento elija a Raúl Castro, hermano de Fidel, presidente del Consejo de Estado. La función será la misma de hace 50 años, pero el liderazgo no es hereditario. Cada dictador, al retirarse, rompe el molde y se va. Nunca Raúl será otro Fidel. Desde esta realidad, el inhumano régimen necesariamente tendrá que debilitarse por la misma dinámica que el pueblo cubano, en este nuevo tiempo, va a imprimir en la búsqueda de su libertad.

El otro factor decisivo para el cambio será la otra realidad: que la isla cuenta con una mayoría castrista frente al comunismo. Se dice que los cubanos son esencialmente “fidelistas”, no comunistas. Fidel en retirada, el partido comunista pronto recibirá los embates de quienes no lo son. Este hecho objetivo dará ocasión para que, al fin, en un sistema democrático, la población deje atrás sus pesadillas de hambre, de humillación, de opresión sin misericordia.

Pero se descarta que la transición será fácil. Seguramente las víctimas de los largos años de opresión van a querer reaccionar contra sus victimarios, entre ellos, ese ejército de soplones que en todas las dictaduras inventan enemigos del gobierno solo para su mejor acomodo en el poder. Con seguridad aparecerán también en Cuba los políticos aprovechados, como ocurrió y ocurre en nuestro país, que al amparo de las nuevas libertades que sobrevendrán procurarán llevar agua a su molino, sin interesarles el país. En el Paraguay conocemos de sobra esta vía dolorosa. Sabemos también –como ocurrirá en Cuba– que las promesas de amor eterno, que el anuncio de verter hasta la última gota de sangre por el único líder, se convertirán para muchos en meras palabras y vendrá el silencio, la justificación o rectificación de antiguos juramentos. Aquí, aquello de seguir a Stroessner “hasta las últimas consecuencias” se extinguió tan pronto desapareció del poder “el único líder”.

Con la renuncia de Fidel ya nada será igual en Cuba. Los amantes de la libertad de dentro y de fuera se moverán en otro escenario. La temible figura del tirano se desteñirá con rapidez en la mente y el miedo de sus compatriotas. Es posible que la mayoría de ellos estuviera, desde siempre, a la espera de este momento para actuar y hacer que su país deje el oscuro tiempo de la tiranía para salir a la luz pública y mirar de frente a las demás naciones que viven en libertad.

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