Ganó el premio Alfaguara un cubano radicado en Miami

Antonio O. Rodríguez fue galardonado con 175.000 dólares por su novela Chiquita

Por Susana Reinoso

El escritor cubano Antonio Orlando Rodríguez, radicado en Miami, recibió la noticia con perplejidad, acusando el impacto de haber sido despertado a las seis de la mañana (hora de Miami), por la voz del reconocido novelista nicaragüense Sergio Ramírez, quien le preguntó: “¿Qué hora es en Miami?”. El presidente del jurado, que falló ayer en Madrid el XI Premio Alfaguara de Novela, repitió con su pregunta el ritual que en 1998 inauguró Carlos Fuentes. Rodríguez supo, así, que su obra Chiquita había sido seleccionada entre 511 originales y se había alzado con el premio de 175.000 dólares.

Sergio Ramírez estuvo acompañado por un jurado de lujo: Guillermo Martínez, de la Argentina; Jorge Volpi, de México; la española Angeles González Sinde, presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de su país, y su compatriota Ray Loriga, además del editor Juan González, que tuvo voz pero no voto. La novela ganadora se abrió paso entre siete finalistas.

La primera pregunta a Rodríguez, en la videoconferencia de la que participaron periodistas de la Argentina, Colombia, Chile y México, tuvo que ver, obviamente, con la actual situación en Cuba. El escritor no mostró un ápice de entusiasmo para hablar de Fidel Castro ni del futuro de la isla. Tras subrayar que su obra es “un fresco histórico”, Rodríguez sólo reclamó para todos los cubanos “el derecho a soñar y a vivir libremente”. Curiosamente, en ningún momento mencionó el término “revolución cubana” en su discurso.

¿Quién es Chiquita ? Las fotos distribuidas ayer por Alfaguara muestran en color sepia, gastado por el tiempo, a una liliputiense vestida de largo, a la usanza de fines del siglo XIX y principios del XX. Por las imágenes, queda claro que su estatura es diminuta.

El escritor premiado, que se inició en la literatura infantil, explicó que fue una amiga quien le contó sobre la liliputiense cubana. Y quedó prendado. Chiquita medía 65 cm y se llamaba Espiridiona Cenda. Había nacido en 1869 y durante su esplendor como cantante y artista de variedades fue recibida en la Casa Blanca por el presidente William McKinley (1897-1901), quien le regaló un carruaje tirado por ponis. La reconocida “muñeca viviente” alcanzó fama en París y Nueva York.

Hasta allí, la verdad objetiva. Pero Chiquita es mucho más, según señaló el jurado, al ponderarla como “una novela elegante y llena de vida, con una notable gracia narrativa y una imaginación sin descanso, que despliega una inmensa partitura de ejecución precisa”.

Rodríguez se presentó al premio a instancias de su agente literario, que le insistió pese a su escepticismo. Se presentaron al certamen 76 novelas de la Argentina, 102 de México y 120 de España.

Ficción e historia

La novela, según explicó el fallo, fue prohijada como una autobiografía dictada en la vejez a un periodista que procura cotejar la verdad con la exageración de cada episodio en la vida de la artista cubana. El escenario de la vida de Chiquita es la Cuba del esclavismo y la colonia, el clima político en los Estados Unidos y Europa. Todos los escenarios acompañan, según la información suministrada, el afán de Chiquita por ser una celebridad y su lenta decadencia hasta convertirse en un personaje de las ferias freak.

Un instante antes de conocerse el nombre del narrador cubano, que ya tiene una novela publicada por Alfaguara en Colombia, donde vivió ocho años, el “maestro de ceremonias”, el escritor y editor Juan Cruz, auguró que la balanza se desequilibrará a favor de América latina.

Con cautela al hablar de Cuba, el novelista ganador dijo que en el libro hay “un recorrido por la historia de la isla, desde la guerra de la independencia hasta su constitución como república y las décadas posteriores”. Rodríguez vive fuera de Cuba desde hace 17 años. Cuando desde la Argentina se le preguntó en qué circunstancias había dejado su país, sólo dijo: “Me fui en 1991. No soy un personaje político, aunque tengo mis posturas. Me fui para ejercer mi derecho a disfrutar otros horizontes”. Sin embargo, admitió que no sabe escribir sobre otra cosa que no sea Cuba, a la que está muy ligado “por la literatura, la cultura y los afectos”. Subrayó que no es persona de “ahogarse en la nostalgia”; que apenas llega a un lugar, empieza de nuevo, y que el país es algo muy íntimo. “Soy 100% cubano, pero también soy ciudadano del mundo”, agregó, y confió: “En lo más profundo de mi corazón, escribo para lectores cubanos”.

“¿En qué se parecen la llegada de Chiquita y la de Rodríguez a EE.UU.?”, preguntó un periodista desde México. Rodríguez dijo: “Ella llegó cuando demócratas y republicanos decidían su candidato y el voto cubano-norteamericano era decisivo. Yo llegué buscando un estatus migratorio más amable”.

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