El Che era un guerrillero mediocre

Por: Diario de hoy

De visita en Buenos Aires, el legendario comandante de la revolución cubana, que luego debió exiliarse tras conocer por 20 años las cárceles de Castro, afirma que el régimen cubano está cayendo y que su líder necesita una confrontación con los Estados Unidos

Que haya ordenado fusilar a tres hombres que intentaron huir del país. Que haya condenado a 75 disidentes, en juicios sumarísimos y precipitados, con hasta 28 años de prisión. Que haya lanzado la peor ola represiva en décadas, ignorando llamados de un sinnúmero de países, de grupos internacionales y hasta de Juan Pablo II.

Ninguna de las últimas embestidas de Fidel Castro contra la oposición sorprende a Huber Matos, el ex comandante que peleó junto al dictador cubano en Sierra Maestra, que llegó a ser uno de sus hombres más cercanos y que pasó 20 años consumiéndose en las cárceles castristas por las diferencias ideológicas que surgieron entre ambos tras el triunfo de la revolución.

Pero que el hombre que, en palabras de Matos, “ha hecho más daños a los cubanos que Stalin a los rusos”, fuera recibido en su última visita a la Argentina como un héroe, ovacionado y honrado por los gobiernos nacional y porteño, eso sí que no lo puede creer.

“Es deplorable que se aplauda así a un hombre que esclaviza a su pueblo desde hace más de 40 años, esta solidaridad con el verdugo del pueblo cubano”, se lamenta Matos, traído a Buenos Aires por la Fundación Atlas para la presentación de su libro de memorias Cómo llegó la noche , un testimonio de primera mano sobre el régimen de Castro.

-Entonces, ¿cómo se explica la clamorosa recepción brindada aquí a Fidel?

-Como una demostración de la ignorancia total de la realidad cubana y una falta de sensibilidad por parte de los argentinos. Nos duele que haya tanta desinformación, que no haya la comprensión debida por los sufrimientos de Cuba -señala este hombre flaquito, de impecable traje gris y ojos diáfanos.

Son los mismos ojos que se reconocen en un rostro de barba espesa, escrutando el horizonte, en una fotografía que lo inmortalizó junto a Fidel Castro y Camilo Cienfuegos, sus compañeros de armas y sueños justicieros. Fue el 8 de enero de 1959 y los tres jóvenes comandantes encabezaban la marcha que entra triunfante en La Habana. La dictadura de Fulgencio Batista ha sido derrocada, y una multitud se rendía ante la leyenda y el arrojo de los flamantes héroes.

Nueve meses más tarde, Cienfuegos desapareció sin dejar rastro en un misterioso accidente de avión, mientras que Matos, luego de denunciar el rumbo marxista que estaba tomando la revolución, fue acusado de traidor y condenado a 20 años de prisión, que cumpliría hasta el último día.

Claro que faltaba el Che, de quien Fidel “se deshizo”, según Matos, enviándolo a una muerte segura en Bolivia, en 1967. “Fidel se especializa en exprimir a la gente, sacarle el jugo y después desecharla. Y el Che era un candidato ideal: era un hombre con un afán tremendo de aventura, buscaba siempre un escenario donde realizar hazañas, y si éstas tenían un contenido social, mucho mejor. Entonces, Fidel lo utilizó un tiempo como a un peón, hasta que necesitó ganarse el respaldo de Rusia. Y como el Che era antisoviético -` Nunca seré un marxista a la manera totalitaria de los soviéticos ´, subrayaba-, ya no era conveniente y había que desprenderse de él. Y Bolivia fue la vía”, señala este ex maestro de geografía e historia de Manzanillo, y a quien la revolución encumbró por breve tiempo a gobernador militar de Camagüey. Calla unos segundos y luego agrega: “Lo más triste es que el Che estaba consciente de ese abandono. Y Fidel luego lo usó como pasquín internacional de la revolución, representando una causa de la que él fue víctima”.

Matos asegura que, a pesar de la distancia ideológica que lo separaba de ese argentino reservado, de cejas tupidas y aspecto bohemio, ambos eran buenos amigos. Eso sí: “No era un guerrillero brillante, sino mediocre”, sostiene.

“Cuando triunfó la revolución, el Che adquirió fama de ejecutor ya que fusiló a mucha gente. Yo no dudo de que en eso influyera el radicalismo de Fidel, que nos arengaba para ejecutar a supuestos opositores. Pero cuando el Che tenía sus desaciertos, Castro no le decía nada y reprochaba en cambio a los oficiales.”

“Pero Fidel en una ocasión me habló mal del Che. Me dijo: `Tiene dos desventajas: es argentino y cojea del lado izquierdo´. Aunque después lo nombró presidente del Banco Nacional sin que el Che supiera nada de economía, y también ministro de Industria, de la que tampoco entendía. Pero Fidel hace esos nombramientos como una forma de decir yo soy el que manda y hago lo que me da la gana “.

-¿Qué lo llevó a tomar distancia del gobierno castrista?

-Fue por una suma de circunstancias y una cuestión de principios: Fidel había traicionado la revolución. Su prédica había sido siempre que ésta se hacía para restablecer el sistema democrático y convocar a elecciones libres. “Defenderemos la libertad, y cuando se nos acabe la paciencia, seguiremos defendiendo la libertad”, solía decir. De hecho, el grito de combate era “¡Libertad o muerte!”. Pero tras tres meses en el poder, ya empecé a detectar propaganda pro marxista en el periódico de las fuerzas armadas, Verde Olivo. Pero Fidel insistía en que él no era comunista. “Raúl (Castro) y el Che (Guevara) sí están coqueteando con el marxismo, pero yo de ningún modo”, decía. Y me di cuenta de que a Castro lo único que le interesaba era quedarse en el poder: ya había hecho saltar al primer ministro, y había puesto a un títere como presidente.

-¿Cree que el embargo estadounidense es la mejor excusa para justificar las fallas del sistema y un modo de perpetuar ese poder?

-Yo no me meto con el embargo estadounidense porque considero que el verdadero embargo es el que Castro aplica a los cubanos imponiéndoles leyes coercitivas y privándolos de sus derechos. Además, aunque Fidel agite el embargo como una maraca gritona, en realidad no lo afecta porque puede comprar en México, Canadá, Europa… Lo lamentable del embargo, en este sentido, es que no sea internacional, que las sanciones no sean multilaterales…

-De todos modos, la Unión Europea emitió una fuerte condena contra el régimen cubano a raíz de los recientes fusilamientos y encarcelamientos…

-Sí, pero esa condena llegó tarde. ¿Y sabe por qué? Por intereses económicos: cuando desapareció la Unión Soviética y Castro perdió el apoyo del Kremlin, los europeos y otras naciones, como Japón o Canadá, se apresuraron a ayudar a Fidel con inversiones y financiamiento, lo que implica responsabilidad culposa para estos países. Ahora están remendando un poco su política hacia Cuba, aunque para ello han tenido que ocurrir estos castigos horrorosos contra gente que no tiene más culpa que decirle “no” al régimen castrista.

-¿Y por qué cree que Castro provocó a tal extremo a la comunidad internacional?

-A Castro ya no le importa la comunidad internacional. Tiene miedo de perder el poder, tiene miedo de su propio aparato militar, tiene miedo de un atentado. Y ante la realidad de que el régimen se hunde, de que está en la antesala del colapso, prefiere adelantarse a los acontecimientos desencadenando un conflicto armado con los Estados Unidos. Su objetivo, de hecho, es esconder su fracaso mediante una intervención extranjera, para que el final de su régimen no sea por un levantamiento o un atentado, sino por un final apocalíptico. De paso, también satisface su ego con ese enfrentamiento que él llamaría de David contra Goliat. Esto no es mío, sino que se lo escuché decir al mismo Fidel.

A sus 84 años, Matos recrea diálogos que tuvieron lugar hace más de 40 años, rescata nombres y fechas del olvido, describe batallas hasta el último detalle. De vez en cuando cita alguna frase célebre, como “La guerra es justa cuando es necesaria”, de José Martí, una de las figuras que más admira. Habla con esa marcada tonada cubana, lenta, pausadamente, sin odio ni amargura. Con el mismo aplomo que seguramente lo ayudó a soportar los años de sórdido horror en la cárcel. Allí donde pasó una cuarta parte de su vida leyendo y releyendo a Dostoievski, Unamuno o Plutarco, observando el comportamiento de las hormigas durante meses, soportando feroces golpizas y luchando por no doblegarse ante las torturas psicológicas. Allí donde llegó a recibir hasta un hocico de perro como almuerzo, -según narra en su libro- donde sostuvo conversaciones imaginarias con la familia que no pudo ver en dos décadas, donde una huelga de hambre lo dejó al borde de la muerte.

-¿Qué fue lo que lo mantuvo vivo durante ese infierno?

-Una persona con convicciones firmes resiste hasta lo inimaginable. A mí me interesaba defender más mi moral que mi vida. Mi único miedo era que un día las fuerzas me flaquearan, volverme loco, pero no la muerte. Dios ha sido muy generoso conmigo. La cuota de sacrifico que pagué valió la pena, y no es nada comparada con el dolor de mi pueblo.

Pero Matos, con esa misma mezcla de optimismo e idealismo que alguna vez le torció su destino de maestro rural y lo empujó hacia la lucha social, está convencido de que sus compatriotas pronto encontrarán espacio para recuperar, en 10 o 15 años, lo que han perdido en 40. “Porque nos hemos quedado atrás, y a los cubanos no nos gusta ser cola en ninguna procesión. No hemos perdido nuestro orgullo”. Y aclara que él, desde su exilio en Miami, está haciendo todo lo posible para que su gente busque convergencias y concilie intereses. Por eso, luego de Cómo llegó la noche , ya está trabajando en su próximo libro: Mañana, cuando amanezca .

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