POR ARTURO G. DORADO, Londres * La responsabilidad con la libertad en Cuba

Estamos reunidos aquí para debatir sobre la responsabilidad para proteger. La primera palabra del tema que nos ocupa ya revela la esencia de la cuestión, responsabilidad. Es decir, la dimensión ética de la acción humana, de la acción política. Responsabilidad significa elección, una toma de posiciones ante el hecho ineludible de que el mal, el sufrimiento aparecen siempre frente al destino de cada hombre o mujer, de cada partido, institución o colectivo humano.

Los liberales nos basamos en una creencia, la creencia en la libertad. Y esta creencia no puede probarse de una vez y por todas como algo definitivo, sino que en última instancia se sostiene en una fe, en eso que no tenemos mejor palabra para nombrar que el espíritu humano. Pero pese a que no hay una confirmación última de que la libertad es un destino necesario de la humanidad, los hechos han demostrado con creces que es infinitamente mejor vivir en sociedades libres que en sociedades autoritarias y cerradas. Y en esa confirmación, en esa fe, la responsabilidad de los liberales del mundo con la democracia y la libertad encuentra su fundamento y su fuerza.

Asumimos entonces que la libertad es una elección primaria e irreductible a otras consideraciones, que los valores de la libertad no están constreñidos a un determinado grupo, a una cultura o una religión, sino que son intrínsecos a la esencia humana, que son aplicables para todos y que los seres humanos tienen la capacidad de elegir entre el bien y el mal, es decir, creemos en la responsabilidad humana.

Cada generación se enfrenta con esa responsabilidad, con la ineludible encrucijada de escoger entre el bien y el mal, de que aun cuando sus intereses o comodidad personal le tienten a la inacción, el grito del sufrimiento humano, el clamor por la libertad de los hombres les emplaza a tomar posiciones.

Otros partidos, otros grupos o asociaciones podrán permanecer en silencio, y aun colaborar con quienes conculcan la libertad, con quienes matan, reprimen y limitan la expresión de su propios pueblos; los liberales no podemos hacerlo, no podemos traicionarnos a nosotros mismos, eludir la responsabilidad con aquellos, dondequiera que sea, que estén luchando, y en ocasiones muriendo por la libertad; no podemos olvidar que la libertad continúa siendo una de las más grandes y sagradas aspiraciones de la aventura humana.
En estos momentos en Cuba se ha desatado una ola de represión sin precedente en los últimos años. Según el más reciente informe de la Comisión Cubana pro Derechos Humanos, en el pasado mes de septiembre hubo cerca de 600 arrestos por motivos políticos, la cifra más alta en treinta años.

En estos momentos mujeres indefensas, sin más armas que su valor, vestidas de blanco, y con flores en las manos, están siendo golpeadas salvajemente, arrestadas, acosadas, intimidadas, vejadas; ciudadanos pacíficos están siendo encarcelados y atacados por el único delito de atreverse a expresar su descontento ante el desastre que se vive en Cuba; y en estos momentos también, como en tantos otros de nuestra reciente historia, la respuesta internacional ha sido el silencio.

En estos momentos pues la responsabilidad para proteger, para defender la libertad, la responsabilidad de los que creemos que la libertad y la democracia son mejores modos de vidas que el despotismo y la dictadura, está siendo puesta a prueba en Cuba. Se está probando si los liberales del mundo somos capaces de alzar la voz por quienes dando la máxima medida de su devoción se niegan a sostener el absurdo y la desgracia de la nación cubana, o si la cobardía, los intereses, la mentira son los que predominan.

Y cuando hablamos de Cuba no estamos hablando de una pequeña isla enfrentada a las presiones de los Estados Unidos de América como intenta hacer creer la propaganda oficial; no, estamos hablando de un gobierno que por más de cincuenta año le ha negado masivamente a sus ciudadanos los derechos básicos, les ha negado la libertad. Estamos hablando de un sistema que convirtió a una de las naciones más prósperas de América en una de las más pobres, desesperanzadas y miserables del continente. Un sistema que ha encarcelado, matado, reprimido, dañado de forma terrible a sus propios ciudadanos. Estamos hablando de un gobierno que promovió , apoyó y financió el terrorismo internacional, que directamente es responsable de la subversión que en América latina costó decenas de miles de muertos en los años sesenta, setenta y ochenta del pasado siglo; un gobierno que se ha vinculado con cuanta dictadura y barbaridad política ha ensombrecido y continúa ensombreciendo el panorama internacional; hablamos de un gobierno que puso al mundo al borde de la peor catástrofe de su historia después de la Segunda Guerra mundial, la crisis de los misiles de 1962; un gobierno que ha defendido a ultranza a un dictador como Mohamar el Gadafi y que recientemente ha expresado sin ambages su apoyo incondicional a las atrocidades que están ocurriendo en Siria. Estamos hablando en fin de un totalitarismo, del mal que significa el totalitarismo comunista.
El daño que el totalitarismo ha hecho a la humanidad está más allá de la descripción; el totalitarismo, el comunismo, envilece, reseca, agosta la vida de las sociedades que tienen la desgracia de padecerlo; es como dijo una amiga socióloga que vive en Cuba, un ataque radical al alma. Y aquí está la perversión, la lesión más terrible a las sociedades que viven bajo el comunismo, porque el mal del totalitarismo trasciende en mucho la mera violencia física. Es la lenta destrucción de los hombres, la conversión de la inmensa mayoría de quienes lo padecen en meros sujetos sin capacidad de asumir el rol de ciudadanos; ese mal que logra ocultarse, que es tan difícil de comprender para los que siempre han vivido en libertad, y que lentamente obra su destrucción y degradación por generaciones enteras.

Muchos de los aquí presentes han vivido bajo una dictadura comunista. Podrán recordar la sensación de irrealidad, de pesadilla de la vida bajo el comunismo, y podrán recordar también la desesperante sensación de soledad, el miedo como una constante de la vida. Podrán recordar la ansiedad con que se esperan las noticias de afuera, la decepción y desmoralización que produce el silencio que a menudo rodea las atrocidades que comete el sistema, la doble moral, la hipocresía y la rendición de la mayoría cuando ya le han matado la capacidad de resistir. Y particularmente podrán recordar la extrema importancia que tiene el apoyo del exterior, el único que muchas veces impide la desesperación, la represión sutil o brutal, la rendición y en ocasiones la muerte.

Pero la fe que sostiene la aspiración de la libertad subsiste en medio de la noche del totalitarismo. Aunque la mayoría acepte su destino, aunque la degradación moral y espiritual sea la norma en las sociedades comunistas, esa fe en la libertad logra que pese a todo se mantenga la esperanza.

No obstante dicha fe necesita del sustento exterior para poder sobrevivir, crecer y triunfar. Quienes están intentando hacer que la libertad vuelva a ser una realidad en Cuba necesitan del apoyo de las democracias del mundo, saber que el mundo libre les tiende la mano, que los desmanes de la represión no encuentran un silencio cómplice y que los demócratas del mundo, y entre ellos especialmente los liberales, asumen su responsabilidad con la defensa sin concesiones de la libertad.

Desde esa responsabilidad ineludible, esa responsabilidad esencial a la mera existencia de los liberales, quiero entonces pedir el apoyo para mi país.

Como delegado de la Unión Liberal Cubana, en nombre de nuestro presidente, Carlos Alberto Montaner, vicepresidente de la organización que nos reúne ahora, y como ciudadano cubano, les pido que se emita una resolución de condena a la represión contra los que de forma pacífica están defendiendo la libertad en Cuba.

Les pido además a los representantes de los partidos liberales aquí presentes que hagan llegar a sus gobiernos su preocupación por la situación que se vive en Cuba, y que soliciten a sus respectivos parlamentos que emitan mociones de condena a la represión contra quienes en Cuba están tratando de que la libertad sea una realidad y no sólo una aspiración, quienes se oponen al totalitarismo comunista.

Y especialmente quiero pedirles a los liberales británicos su apoyo. El Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, la cuna de las ideas liberales, no puede, no debe asistir pasivamente a las violaciones de los derechos humanos, al absurdo y destrucción en todos los órdenes de la sociedad y de la vida en Cuba. Ahora aquí, bajo la sombra de tantas grandes personalidades que hicieron posible que la idea de la libertad se extendiera por el mundo, le pido al partido Liberal Demócrata británico que no deje solos a los cubanos.

Les pido que como miembros de la coalición en el actual gobierno de su majestad Isabel II, le hagan llegar al Primer Ministro y al resto del gabinete en el poder su preocupación por la violencia que están sufriendo los demócratas cubanos. Que le soliciten al Secretario del Exterior que instruya a la embajadora del Reino Unido en la Habana para que le brinde todo el auxilio posible a los luchadores por la libertad en Cuba.
Les pido también que presenten en la Cámara de los Comunes una moción para que se someta a votación una resolución de condena contra la represión que se está viviendo en Cuba, y para que quede claro ante el gobierno cubano y ante la opinión pública internacional que el Reino Unido no tolera ni permanece en silencio ante la falta de libertad, la dictadura que por más de 50 años hemos sufrido los cubanos.
Es absolutamente necesario y adecuado que se haga esto ahora. No se debe esperar a que la represión cobre más víctimas, no se debe permitir que más hombres y mujeres sigan siendo encarcelados, perseguidos y ultrajados, que a una nación se le prive de la posibilidad de incorporarse a la comunidad de democracias del mundo por el capricho y la obstinación de quienes no tienen otro objetivo que sostenerse en el poder a cualquier costo.

Aquí está la esencia de la responsabilidad con la libertad, con la creencia que constituye la razón de ser de los partidos liberales.

El apoyo a los demócratas cubanos no una cuestión que deba seguirse dilatando, quienes luchan por la libertad en Cuba, quienes sufren la desgracia de vivir bajo el comunismo, necesitan con urgencia del auxilio de los liberales del mundo, y necesitan de ese auxilio no dentro de un año, no dentro de un mes, sino ahora, en este momento, en esta hora.

Necesitan que de una vez por todas el mundo libre asuma la responsabilidad con la libertad en Cuba.
* Delegado de la ULC ante la Liberal International / Octubre 17, 2011

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