CASTRO, EL DIOS TERRENAL PRIVADO DE GARCÍA MÁRQUEZ…

Por: Eduardo Matías un CUBALSERO de corazón

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Entre amarillas flores ha sido homenajeado una vez más el gran escritor, pero por vez primera, ya no en vida… Miles participaron en sus exequias, cuerpo presente en México y simbólicamente en Colombia y otros países; y ahora muchos más se disponen a aproximarse a su obra, en un entusiasta modismo post mortem… El despliegue de prensa ha sido colosal, e incluso algunos críticos entre ellos Gerald Martin, su biógrafo “tolerado”, ya lo elevan como el escritor en nuestro idioma más egregio desde Cervantes, otros como el último gran escritor de la lengua española, y unos más lo catalogan como el más grande escritor en español.
Yo, mortal cubano radicado en México, sin negar en absoluto su incuestionable capacidad intelectual, lo multipremiado de su pluma, su profundo conocimiento y reconocimiento en los más altos salones no sólo intelectuales sino también en los más laberínticos de la política internacional del hoy Difunto, preferí disfrutar a mis pequeños hijos en vacaciones que acercarme al Palacio de Bellas Artes, donde incluso los Presidentes de México y Colombia se unieron para rendir homenaje a García Márquez… Y me negué a asistir porque a mi edad vale más ser íntegro que disfrazarme de hipocresía.
Claro está que García Márquez no era santo -o diablo- de mi devoción… No podía serlo tampoco de ningún demócrata, de nadie con ideas libertarias, porque precisamente adolecía de lo que se jactaba: mientras combatía con su palabra las formas de Poder en su País y al Imperialismo Norteamericano, se plegó sumisa y convenientemente al Imperialismo Soviético, defendió todas las dictaduras de izquierda y bailó sus mejores danzas simiescas ante el barbudo organillero del Caribe sin protestar de la cadena que amordazó su pescuezo, intentando convencer por propia vocación a propios y extraños de las bondades del comunismo internacional y su aún más desastrosa variante latina…
García Márquez encabezó al menos intelectualmente, a esa izquierda latina que aún llora por las cuatro esquinas la desaparición del bloque comunista, añorando a sus “amados dictadores”. El “Gabo” justificó siempre a su idolatrado Fidel en todas y cada una de sus actuaciones por muy atroces que fueren, y minimizó desde sus fusilamientos a las desapariciones, la consuetudinaria traición a enemigos y aliados (como el abandono en Bolivia al “Ché” Guevara, la muerte de camilo Cienfuegos, los innumerables “suicidios políticos” en Cuba); transformó en necesarias enseñanzas los enfermizos odios castristas contra todo aquel que no se sometiera a su sistema; celebrando graciosamente las represalias a los disidentes y las destrucciones físicas y morales a opositores y librepensadores: El que los hermanitos Castro nunca efectuaran siquiera una simulada elección Presidencial por más de cincuenta años, y la sucesión monárquica del Príncipe Raúl, no fue materia de comentario, señalamiento o crítica alguna por el Escritor. Es más, para obtener sus privilegios de fiel cortesano, (casa cercana a la de Fidel en zona especial de La Habana, constantes incursiones de pesca en el yate del jerarca cubano, reconocimiento en el ámbito de la ultraizquierda internacional como el Personaje más amigo de Fidel, entre muchos), en más de una ocasión, yo diría que de manera permanente, se rebajó a la mínima expresión, olvidando alegremente de cómo sufrió innumerables y vergonzantes humillaciones en su etapa de periodista rasurado por el comunismo cubano. Pocos hombres tienen esa tenaz inclinación a agradecer la humillación y tanta capacidad de olvido, que incluyó borrar bajo una sonrisa el amargo recuerdo de su expulsión en los inicios de Prensa Latina, la agencia periodística privada de Fidel Castro.
En franco contraste, pocos días después del deceso del Escritor- Propagandista-Justificador- del- Poder- Totalitario, millones de personas han celebrado en todo el mundo la proclamación de un nuevo Santo de la Iglesia Católica: El Papa Juan Pablo Segundo, largamente ovacionado pues para muchos su vida siempre fue excepcional. Orgullosamente polaco, él mismo víctima de la dictadura pro-soviética que imperó en su País, proyectó su imagen, ejemplo, fortaleza moral y su intenso activismo como poderosa arma pacífica y de Fe, esencial para alcanzar la libertad de millones de personas con la estrepitosa caída del sistema comunista de la llamada Cortina de Hierro.
Juan Pablo visitó Cuba, arropado en un apoteósico recibimiento popular. Se entrevistó con los Castro, pero nunca perdió el piso. Impartió misa, aconsejó al pueblo, incrementó la población católica a niveles nunca vistos desde la llegada del comunismo a la Isla. Se entregó a la gente, pero nunca se adhirió al Dictador, a pesar de las bromitas de éste en sus presentaciones ante cámaras.
En la segunda quincena de abril del 2014, la vida nos presenta estos dos sucesos: Baja al polvo rodeado de su Ego, sus flores amarillas, su amor al Poder y a su castrista Dios terrenal el gran-escritor-cómplice de vestidura roja; y sube al cielo en su blanco ropaje el eterno viajero, el políglota, el Papa intelectual más impresionante de la historia reciente. Por un lado, la crónica de una muerte anunciada, por la otra, el ascenso a la máxima posición del catolicismo a la que puede aspirar un humano.
Juzgue Usted….

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